Filosofía: ficción y realidad. Escenas de un recuerdo inolvidable.

Actualizado: 29 oct 2021

Con la cara de un niño, con sus manos, sus puñitos enjugando esos ojos, ojos llorosos, lágrimas de cocodrilo, da inicio la escena inolvidable. Una imagen que logra explicarlo todo, da vida a los recuerdos y recrea en nosotros un mundo de nuevas posibilidades. ¿Recuerdan cuando decían: ¡no, no quiero!? ¿Recuerdan cuando fuimos niños y hacíamos pataletas imposibles? Es en el imperecedero imaginario en donde todas esas escenas se hacen el común denominador, en donde se cohesionan esas mil y un personalidades y hallan -por extraño que parezca- en sus mas abismales diferencias un sentido de unidad. ¿Recuerdan a nuestras madres, que a regañadientes, al igual que lo hacen hoy maestros, profesores y otros, nos intentaban dar a probar de a poco cucharadas de su conocimiento? Pero les dijimos que no nos gustaban los guisantes, las berenjenas o... la remolacha sin siquiera probarlas. Acaso, ¿no ocurre lo mismo ahora que el escenario es otro y nosotros adultos, diciendo no, y rechazando todo nuevo conocimiento (filosófico, histórico, religioso, científico, artístico)?


La pregunta filosófica por la filosofía plantea una grave cuestión conceptual y teórica. Que sea imposible o no contestar, dar respuesta o tan siquiera tratar la cuestión, presenta no mayor gravedad de aquella que presenta el hecho, de que hoy, en el siglo XXI, tenemos una nueva gama de posibles cuestiones en las que ahondar [reflexionar, profundizar, preguntar]. Por la economía del texto debemos dar un salto y extrapolar esta idea, mirarla desde una completa y totalmente nueva perspectiva. Lo haremos apegándonos a una tradición que nos obliga a ceñirnos a un tipo o a una forma de tratamiento en donde la pregunta tiene- lugar- en -el -Mundo.

Mana de forma casi espontánea una nueva pregunta, nuestra pregunta, aquella que más nos compete en nuestro mundo de hoy (Tiempo y Espacio) y en el marco del quehacer docente: ¿Y qué es filosofía, hoy? Ensayé algunas respuestas: ¿Un obstáculo para el desarrollo nacional, en términos educativos y económicos? ¿Óbice para mi politizada universidad? ¿Algo de lo que la gente no solo no tiene la menor idea de lo que es, sino que además no tiene el menor interés por saberlo? Yo lo creo así.

Pero... ahora lo veo, ¡no nos gusta la filosofía! ¿Por qué?

¿Cómo podemos decir que no nos gusta o interesa si no tenemos ni la más remota idea de lo que esta es? O... ¿Será que osamos decir “no nos interesa”, porque ya nos creemos sabios y sabidos en aquello necesario para conducir nuestras vidas? Yo no me siento así, me conozco ignorante, mendigo hambriento, con sed de nuevos conocimientos ¿Puede que esos rasgos de soberbia sean propios de infantes y adolescentes? No lo creo –me muestro ignorante dejándoselo a la voz de una creencia- sin importarme lo sigo diciendo, para mí los niños y adolescentes son curiosos por naturaleza, son espíritus libres del estancamiento que suele ocurrir en la adultez. Se están aún formando las bases de sus... ¿personalidades? ¿Identidades? ¿Caracteres? Sí, todo eso y más.

Nuestra pobre educación, no es a falta de filosofía, de otras materias, cursos o asignaturas en escuelas y colegios, es a falta de alguien que nos diga lo que es o no la filosofía, la matemática, u otras disciplinas; cuál su función y utilidad, simplemente – ¡muéstrennos! - para qué sirven. No hablo a favor de una necesidad práctica que entendida en los términos del pragmatismo propio de nuestros modelos económicos lo mide todo en función de la utilidad o el dinero. Me he preguntado si parte del problema no será la unidireccionalidad de nuestros modelos educativos, ser poco participativos y, por tanto, poco esclarecedores. ¿No han sido los docentes y sus modelos prehistóricos culpables de tantas contradicciones?

Cargamos con gran peso la culpa, ahora, sobre nuestros hombros. Unos por no enseñar, otros por no participar, involucrarse y exigir. ¿Acaso los padres cuestionan o indagan si el programa educativo que siguen sus hijos tienen los estándares necesarios para competir con la nueva mano de obra extranjera? ¿Conocerán en qué se asemejan a los programas europeos o estadounidenses, qué tanto de idiomas, informática o cultura nacional se estudia? ¿Qué clase de ciudadanos se están formando? ¿Ciudadanos capaces de vender o hipotecar su identidad nacional (territorio, soberanía)? Vemos padres que solo esperan diplomas y notas altas, no una educación para sus hijos. Pobres de nosotros, nos mostraron el camino a la felicidad a través de una profesión, un trabajo y la obligación de generar ingresos ¿acaso desde niños no fuimos predispuestos al desdén por la cultura, las ciencias naturales y otras actividades realmente enriquecedoras, mas allá de ese afán por acumular dinero? Les pregunto, ¿cuánto vale una hora de sus vidas fuera de sus trabajos?

¡Y que ni se nos ocurra estudiar artes y ser los bailarines o músicos que siempre soñamos! Nunca nos dijeron que fuéramos nosotros mismos.

Ya no hay encanto, y entre los motivos que han logrado extinguir la chispa de la curiosidad, estamos nosotros (nosotros mismos). Porque no nos interesa cómo funciona el microondas de la casa, el carro, desconocemos de lo propio: Mis impuestos, Mi economía, esos artículos de Mi propiedad.

Y claro ¿quién ocuparía su ya tan limitado tiempo filosofando en todo esto? -¡Nadie! Pero... ¿por qué?

¿No será porque duele saber que es cierto, que lo único nuestro son las pocas horas de sueño? -¿no?- ¿o acaso podría contarse ese tiempo que pasamos frente al televisor como propio? ¡Qué hipocresía la nuestra si afirmásemos esto! pero eso es lo que hacemos –negarnos- mirar hacia otro lado y nunca hacia nosotros mismos.

Por lo menos obtuvimos lo que queríamos: un espectáculo. Un espectáculo para olvidar que estamos viviendo para alguien más.

fuente original de publicación: http://filosofia-panama.blogspot.com/

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